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Mirar el mundo
Amigo del cuerpo…
Hogar del fuego del amor,
casa de sufrimientos,
huésped de los años.
Y del tiempo que arranca la carne
y que seca los huesos; mas la vida
seca y arranca la muerte.
Amigo del cuerpo,
amigo del cuerpo:
Las bellas caricias de la juventud;
y los ojos besan en la carne,
y los labios de rojas flores,
sangrando
en ese templo, que sufre y que disfruta,
que vive.
Y que su muerte
también ha de vivir…
Tocar, tocar y palpar
la tierra como una estrella.
La yema de un dedo
es, ciertamente, un universo:
Un índice
cual la rosa
hacia un alba de verano.
Sentir, sentir los dedos en el sol;
la sangre corriendo,
corriendo como una lava carmesí.
Desnuda la noche sobre su sueño.
Y el cuerpo descansa.
Descansar así la amistad,
el sufrimiento y el placer de vivir.
Y es el cuerpo,
el cuerpo cerrando sus ojos.
Y es el alma,
el alma
que sí puede mirar,
que sí puede mirar el mundo.
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